Réquiem por Álvaro Ibarra

Por Anibal Arévalo Rosero

28 de agosto de 2022

Hay personas que logran trascender y ser imprescindibles a la sociedad; personas que nacieron con un espíritu de Quijote. Se forjaron como líderes de los grupos humanos y sus pensamientos se convierten en mandamientos; aprenden a conocer la importancia de la persistencia, y trabajan con ella hasta el fin de sus días.

Lamentamos profundamente la prematura partida de nuestro dilecto amigo y compañero Álvaro Arturo Ibarra López. Siendo aún una persona con sueños por construir y con esperanza de vida, se nos adelanta en el camino de manera inesperada. Siendo un profuso lector interpretó una sociedad en permanente transformación y la necesidad de argumentar y debatir para construir una sociedad digna. Se inclinó por la pedagogía, y bien que lo hizo con una pasión que se conocía a través de sus estudiantes o en sus estudios universitarios argumentando sus tesis.

Álvaro Ibarra se destacó por ser un connotado dirigente estudiantil con unas dotes en la expresión oral y su profunda preocupación por la validez de las ideas en la medida que gozarán de una argumentación científica; es por ello que fue adquiriendo un perfil político desde la dialéctica que conlleva a razonamientos válidos y no meramente especulativos.

Así llegó a ser líder sindical, a dar un sinfín de conferencias; a hacer lo que más le gustó hacer en la vida: luchar por los derechos de la educación, a dignificar la carrera docente, a conocer decretos y leyes para argumentar lo lesivos o benéficos que pudieran resultar, siempre sometidos a su acucioso tamiz del análisis. Siempre estuvo en procura de digerir muy bien cualquier propuesta que viniera del gobierno; asumió con ahínco la defensa de los educadores, los estudiantes y frente a políticas internacionales.

Era llamado por las instituciones educativas para que haga sus charlas sobre temas sindicales y pedagógicos, y lo hacía con lujo de detalles. Sabía asumir de manera serena los debates y controversias, siendo inclinado por escuchar al otro antes que dar una respuesta sin la debida fundamentación. Bajo estos criterios creció la persona y maduró el líder.

En sus últimos días, el profesor Álvaro Ibarra venía desempeñándose como docente de química en el departamento de ciencias del Inem de Pasto. Por el momento tenía comisión sindical por ser directivo de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT. Anteriormente se había desempeñado como presidente del Sindicato del Magisterio de Nariño, Simana, donde supo actuar con idoneidad y competencia en todos sus compromisos. Durante este periodo demostró su serenidad en el actuar y el don de la palabra. Y no menos importante sería para su vida la afición por la bicicleta, con la que recorrió medio país.

Era muy grato dialogar con el Profesor Álvaro Ibarra, una persona muy bien estructurada en los temas de la política, el sindicalismo y le gustaba mucho la historia. Desde la historia de nuestro país se acogía a la visión bolivariana y los acontecimientos de las últimas décadas. Le gustaba mucho la historia universal como puntal de la política del país. Formó parte de la colectividad política del exsenador Jorge Robledo, siendo militante del Polo Democrático, en una facción política que históricamente se le conocía como el Moir, de tendencia maoísta.

Como sindicalista, el profesor Álvaro Ibarra deja un gran legado, pues se hizo escuchar por la gran mayoría de los docentes del departamento de Nariño. Se nos va una persona con una inteligencia sobresaliente. Espada con la que supo blandir los temas sindicales, pero también con la que logró la simpatía de un amplio sector de los trabajadores, de los sindicatos y de las comunidades educativas.

Ahora tu voz y tus enseñanzas quedan grabadas en nuestros corazones. Hermano y compañero, te adelantaste en el camino que todos tenemos que transitar. Este tránsito se dignifica con tu valía, tu decisión y tu sabio actuar en pro de una causa bien fundamentada. Tú has terminado tu trecho en esta carrera de relevos, ahora el fiel testigo tendrá que ser portado por los jóvenes.  Por siempre compañero del andar.

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