Es ahora o nunca: Intervención de Juan Manuel Ospina en el Primer Seminario Nacional de DIGNIDAD

Juan Manuel Ospina

23 de octubre de 2022

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Es ahora o nunca: Intervención de Juan Manuel Ospina en el Primer Seminario Nacional de DIGNIDAD

Ante todo, quiero darles un caluroso y esperanzador saludo de bienvenida a esta reunión de amigos y de conspiradores altruistas en la tarea, a ratos con ribetes de quijotada, de congregar voluntades libres y decididas a jugársela democráticamente por la transformación fundamental de este país que tanto queremos y que tanto nos duele por la injusticia, la indignidad y aún irracionalidad en que se encuentra sumido. Un país  que espera que nos la juguemos por él, conjuntamente, democráticamente, liberados de caudillismos mesiánicos que crispan la atmósfera social, haciendo que la emocionalidad desplace a la razón y el grito a la acción transformadora, en una dinámica infernal que acentúa las diferencias e impide que se avance en la identificación de acuerdos posibles sobre lo fundamental, para emplear la feliz expresión de Álvaro Gómez, que compendia la esencia de la democracia y del quehacer democrático, nuestro norte político. Lo digo ya y lo repetiré las veces que sea, la situación no da espera; o es ahora que damos esta pelea y nos la jugamos a fondo y con grandeza o ya no será.

Al escribir estas palabras vienen a mi memoria las que pronuncié en nuestro primer congreso en Abril del año pasado: “Hoy es la oportunidad, diría la obligación ciudadana, para unirnos y construir nuevos espacios, formas novedosas y ciudadanas de hacer y de vivir una política que se sustente en el piso firme de la confluencia de las voluntades de compromiso, de sensibilidades y sueños, y no como resultado de un frío y circunstancial cálculo electoral. Una política de la vida y la dignidad” dije entonces. Con esa perspectiva inicié mi tarea en la Presidencia del partido, para la cual ustedes generosamente me eligieron. Hoy no le cambiaría una coma a lo que entonces expuse. Si bien hemos hecho avances en este casi año y medio de vida – desde obtener la personería, pasando por nuestro inicio electoral en la elección para los consejos municipales de jóvenes y el apoyo dado a la campaña de la Coalición en las 23 regiones donde tenemos una eficiente organización institucional-, la tarea apenas se inicia y bien vale la pena hacer un alto en el camino para evaluar lo realizado y  planear con realismo, lo por venir, tanto en lo inmediato de la campaña de las elecciones departamentales y municipales del año entrante como respecto a la evolución y fortalecimiento de nuestro proyecto político en el mediano y largo plazo, dos procesos complementarios y ambos fundamentales.

De esa fecha a hoy, muchas cosas han pasado en el país, en el mundo y en nuestro partido, que reclaman nuestra atención y análisis para aprender de esas experiencias de manera que podamos sintonizar nuestro obrar con la realidad, alimentándonos de ella, alejados de dogmatismos, de posiciones preconcebidas o desfasadas de esas nuevas realidades, que lo son en términos de problemas y de posibilidades de acción. Es un proyecto que se construye permanentemente, que no se transmite simplemente como una verdad revelada. En él, por consiguiente, no tienen cabida ni los verticalismos ni las excomuniones. Importante tener bien claro que se trata ante todo de sumar fuerzas de diverso origen pero que comparten el propósito de transformar la nación, en un espíritu pluralista, lejos de falsos unanimismos impuestos y finalmente esterilizantes. No resisto en este punto la tentación de transcribir lo que al respecto plantee en nuestro primer congreso: “Es el momento, es la gran oportunidad para lograr unir voluntades, en un gran pacto nacional y ciudadano en torno a unos objetivos compartidos, sustentado en lo común que se comparte para fortalecerlo, respetando las naturales diferencias”.

 Reivindicamos el sentido e importancia de la nación, máxime cuando la realidad internacional le ha restablecido su sentido fundamental; son ya inocultables las falencias y peligros de una globalización ilimitada, el dogma imperante en el último cuarto de siglo que se entronizó de la mano de su alma gemela, el neoliberalismo corazón del capitalismo financiero dominante, con su lógica especulativa y rentista. Y esa visión nacional tiene su complemento en el papel central que les asignamos a las regiones y a las comunidades y grupos de interés que las construyen y habitan. Acá nuevamente reconocemos la dialéctica entre la unidad, lo que une e identifica, la nación – lo nacional-, y la realidad de lo que diferencia, las regiones que están en la base de la acción de Dignidad, con sus grupos sociales y de interés. El nuestro es un partido construido desde las regiones, como lo atestigua el sentido del seminario que estamos inaugurando.

Quisiera destacar tres elementos centrales de la actual circunstancia política del país, que hacen imperiosa y factible la consolidación y el fortalecimiento de nuestro oportuno e inaplazable proyecto político. Creo no exagerar al afirmar que es ahora o nunca el momento de la decisión y la acción política enunciada, que se sustenta en dos pilares fundamentales; de una parte, nuestra declaración de independencia frente al gobierno de Gustavo Petro, sobre cuyo sentido y alcance discutiremos en esta reunión y que significa asumir frente a él posiciones de apoyo o de oposición, razonadas y no estridentes, que desarrollen los planteamientos y posiciones que se hagan, alejando nuestras decisiones  políticas de la simple emocionalidad, de uno u otro signo.

El segundo pilar de nuestra tarea, es la búsqueda de acuerdos renovados con nuestros socios y aliados en la Coalición de La Esperanza, a partir de la experiencia del trabajo conjunto que adelantamos en la pasada campaña, que acá  analizaremos con miras a  renovar y fortalecer los acuerdos y la voluntad de continuar juntos la tarea política, empezando con  las elecciones del 2023 y con la voluntad de profundizar los acuerdos que se vayan alcanzando para avanzar en el proceso de integrar nuestra acción y aun nuestras estructuras políticas con nuestros aliados, que hoy nos acompañan; una tarea desafiante pero que consideramos no solo posible sino necesaria. Con ellos hemos compartido y queremos seguir compartiendo análisis y propuestas, que a todos nos interesan e identifican. Compartimos la voluntad de consolidar un proyecto, un espacio político enmarcado en el pensamiento social demócrata, filosóficamente liberal.

En la presente coyuntura política identifico tres elementos principales que quiero plantear acá. El primero es el cambio fundamental que se viene presentando en el escenario político materializado en las pasadas elecciones, con el ocaso del uribismo y el triunfo de Gustavo Petro y del Pacto Histórico. El espacio del centro político permanece libre y puede abrirse a muchos ciudadanos que, sin ser radicales en sus posiciones, han apoyado   al Centro Democrático porque consideraban que les daba seguridad, transmitiéndoles la percepción de un gobierno fuerte. Algo semejante puede suceder con ciudadanos independientes que sin ser petristas votaron por Petro y su promesa de un cambio radical; con el rápido desgaste del gobierno, muchos empezarán igualmente a reubicarse en el centro, el espacio político donde en una democracia se sitúa el mayor porcentaje de los ciudadanos; podría decirse que salvo en coyunturas específicas, la dinámica democrática es centrista.

 El segundo elemento es consecuencia lógica de lo anterior. La escena política como resultado del desgaste, por no decir profunda crisis, de los partidos políticos, tradicionales y recientes, ocurrida en los últimos veinte años, acabó convertida en un ring de boxeo entre jefes políticos, Uribe y Petro, ambos con alma de mesías y prácticas puramente caudillistas, para los cuales la armazón partidista simplemente adorna y disimula su acción, pero es secundaria y casi que decorativa. Esa polarización, que está en el alma del quehacer político, fue exacerbada en estos años por una dinámica maniquea de buenos y malos, rica en emociones y pasiones, paupérrima en planteamientos propositivos; termina privada de argumentos para convencer y ahogada en emocionalidades que conmueven pero no avanzan en las transformaciones que los ciudadanos reclaman. El resultado fue que el componente emocional propio de la política, se apropió del escenario y con su discurso polarizante neutralizó las posibles opciones de centro, la nuestra; un discurso simplista en su fondo, emocional en su envoltura, que exige un rival vuelto enemigo – persona, clase, ocupación, etnia, género…- al cual dirigirle el mensaje del discurso simplista con empaque ultraradical; se entroniza entonces la batalla campal.

 Con el declinar uribista, se agota la escena del ring de boxeo; el petrismo buscará ahora copar el centro, con la pretensión de convertirse en la voz de una nueva Colombia. Como conclusión, nuestra lucha por ocupar ese centro será en lo fundamental con el petrismo sobreviviente del retiro de sus filas de los puros y duros que se sentirán defraudados y de quienes lo votaron para hacerlo contra un Uribe hoy salido del juego.

En plata blanca, es decir en votos, en Colombia el centro sigue a la espera de la fuerza u organización política que lo convoque, interprete y movilice políticamente. Y para ello como decía un amigo hablando del quehacer político, se necesita avanzar en bicicleta, no en monociclo, con las dos ruedas de la O de organización y la de opinión. Este acercamiento al centro se acentuará, como ya dijimos, en la medida en que se genere frustración con el gobierno, dado entre otras, el altísimo nivel de expectativas que originó. La oportunidad actual para lograr ese objetivo es enorme, pero hay que trabajarlo con inteligencia y para ello es indispensable fortalecer y ampliar el alcance del instrumento insustituible para hacer la tarea, la organización partidista. Lo he dicho gráficamente y lo reitero acá: debemos hacer de una Dignidad ampliada y fortalecida, La Casa Grande de los demócratas de diferentes procedencias u orígenes políticos que quieren de verdad a Colombia y se juegan por su transformación democrática.

El tercer elemento a destacar es el fortalecimiento de esa organización política. Los petristas entienden el punto. Saben que no tendrán futuro mientras sigan dispersos en cinco partidos y organizaciones. Lo han dicho claramente, o logran el partido único o desaparecen; parecería que estuvieran hablando de nosotros. Le apuntan a conformar un frente unificado o una coalición de tendencias, al igual que hemos planteado en Dignidad. Para ellos y para nosotros, las experiencias analizables son, entre otras, el Frente Amplio uruguayo y el Partido de los Trabajadores brasileño, ambos son coaliciones de tendencias que configuran una estructura de centro izquierda progresista que no es excluyente, donde coexisten tendencias políticas o de opinión que comparten un programa básico común que les permite, a veces no sin dificultades, construir una unidad en medio de diferencias, respetadas y respetables.

Para terminar, acudiré nuevamente a lo que afirmé en nuestro primer congreso y en lo cual sigo creyendo, a pesar de las dificultades e inclusive frustraciones que hemos vivido en esta etapa inicial del proyecto que hoy nos reúne: “Dignidad llegó a la vida política para quedarse. Será, seremos protagonistas de primer orden en la transformación fundamental, no meramente cosmética, de la política colombiana. Será una labor de años que nos demandará una acción continuada, no esporádica, con un trabajo ordenado de todos los colombianos y colombianas que quieren vivir, ellos y sus hijos, en un país digno, del cual se sientan que hacen parte, que es SU país, porque finalmente lo habremos rescatado de las garras de quienes durante tantos años lo han degradado, bien por su incompetencia o por sus oscuros e inconfesables propósitos, con la complicidad de políticos y partidos de la vieja política, que hoy empezamos a enterrar”.

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