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Elección presidencial en Colombia (I): “El emperador está desnudo”

Álvaro Morales Sánchez

28 de abril de 2022

Gutiérrez y Petro están al desnudo, como el emperador del cuento. Fico es el candidato de los que tienen arruinado al país; Petro, el candidato del todo vale.

En este popular cuento infantil de Hans Christian Andersen un emperador recorre desnudo las calles de su reino para que nadie crea que es un inepto pues dos sastres tramposos le han hecho creer que fabricaron sus trajes con una tela y un hilo especiales que solo pueden ser vistos por las personas inteligentes y capaces; por ello quien se atreva a señalar su desnudez será tratado como estúpido e incapaz, por lo cual ninguno de sus súbditos dice nada y todos elogian unos vestidos suntuosos que no existen; sólo un niño, al que ni el emperador ni sus sirvientes pueden engañar, se atreve a decir “el emperador está desnudo”.

En la carrera política por la Presidencia de la República que se adelanta hoy en Colombia sucede algo muy parecido a este cuento infantil, sólo que ocurre en la vida real.

Los dos candidatos que los medios de comunicación nos presentan como las únicas opciones están desnudos, aunque por causas diferentes: Federico Gutiérrez, a quien le gusta que le llamen Fico para aparentar cercanía y familiaridad, está desnudo en su condición de candidato del régimen y, por más esfuerzos que hace, no logra quitarse de encima el estigma de ser la carta de un gobierno que ha sido de los peores en la historia contemporánea de este país; con el apoyo del Centro Democrático, de su fundador y jefe Álvaro Uribe, del presidente Iván Duque que no pierde oportunidad para expresar su cercanía con las ideas y propuestas de Fico, y con el acompañamiento de Cambio Radical, el partido conservador, el partido de la U, el partido MIRA, y más recientemente de César Gaviria y el partido liberal, que han sostenido a Duque en el poder.

Hoy está muy claro que Fico es el candidato del continuismo de una política que ha sido desastrosa para el país porque ha preferido defender los intereses del capital extranjero sobre la base de arruinar la producción nacional, lo que se convierte en causa principal del crecimiento nunca antes visto de las cifras de desempleo, hambre y miseria que hoy pesan sobre el pueblo colombiano, todo ello agravado por la corrupción generalizada en todos los niveles y dependencias del aparato gubernativo.

El candidato del continuismo, al ver que todos los días crece el número de ciudadanos que han captado su desnudez de candidato del régimen, recurre a un truco de ilusionista para tapar sus vergüenzas, nombrando como su fórmula vicepresidencial a un personaje que ha tenido una trayectoria política más cercana a las tendencias de centro que a la manguala política gobernante; con ello pretende que lo vean como alguien independiente de la cúpula del poder.

Pero si actuamos a tiempo como el niño que en el cuento de Andersen señaló sin duda alguna que “el emperador está desnudo”, la gran mayoría del pueblo podrá entender que votar por Fico es profundizar la enorme crisis social, económica y política que vivimos porque es el candidato del régimen.

El otro candidato que también anda desnudo es Gustavo Petro; su desnudez consiste en que quiere ser presidente de esta nación a toda costa, sin importar lo que tenga que hacer o decir para lograrlo; es el candidato del ‘todo vale’, como rodearse del más variopinto grupo de personajes y sectores políticos, que van desde las facciones más radicales de la extrema izquierda y el trotskismo criollo hasta conocidos personajes de la derecha que alguna vez fueron alfiles uribistas, y las toldas más fanáticas de iglesias y pastores misóginos y homofóbicos, y formular las propuestas más alocadas, impracticables, y francamente demagógicas que se hayan presentado en campaña presidencial alguna, para buscar el voto de los escépticos, o de los ingenuos que lleguen a creer en ellas.

El único competidor de Petro en la historia reciente, en materia de propuestas descabelladas, utópicas e irrealizables, es Gabriel Antonio Goyeneche, más conocido como el Doctor Goyeneche, personaje que se hizo famoso desde mediados del siglo pasado porque se presentaba como candidato presidencial independiente del Frente Nacional que impusieron los partidos liberal y conservador como única fuerza política legal luego de tumbar al dictador Gustavo Rojas Pinilla, que ellos mismos habían subido al poder en 1953 en un golpe de Estado contra el gobierno de Roberto Urdaneta y Laureano Gómez.

Goyeneche se inscribió como candidato en todas las elecciones presidenciales realizadas entre 1958 y 1974. Sus más entusiastas seguidores eran los estudiantes universitarios de la época, que apoyaban su candidatura y hacían colectas para publicar en pequeños folletos sus propuestas electorales; era una forma de oponerse al antidemocrático Frente Nacional.

Entre sus curiosas propuestas recordamos la de pavimentar el Río Magdalena para agilizar el transporte entre el centro del país y la costa caribe, construir una marquesina transparente sobre Bogotá para proteger a los ciudadanos contra las constantes lluvias capitalinas, verter aguardiente sobre los ríos colombianos para suministrar gratuitamente este licor y dar alegría al pueblo, para acabar con el hambre proponía escoger cada día una familia de cada manzana en los barrios pobres para que todas las demás familias le donaran un peso y así pudiera comprar su mercado, rotando todos los días la familia beneficiada para que todos pudieran comer. Y había muchas más, nacidas del ingenio de este personaje, que lo hicieron famoso en la historia reciente de la picaresca política colombiana.

Pero hoy no estamos ante un personaje de la picaresca sino ante alguien que quiere ser presidente como sea, lo que incluye proponer el ya famoso “perdón social” para los más connotados delincuentes que purgan largas penas por corrupción, parapolítica, homicidios etc., a cambio de que muevan sus hilos políticos y sus fortunas, dos poderes que aún conservan, para mover votos a favor de su candidatura; en su desespero por conseguir votos, este personaje anduvo varios meses coqueteando con César Gaviria, el todopoderoso jefe del partido liberal, tratando de conseguir el respaldo oficial de ese partido, que ha sido uno de los principales apoyos del presidente Iván Duque.

Pero con la reciente decisión de César Gaviria y ese partido de hacer un acuerdo con el candidato Fico Gutiérrez, a Petro no le ha quedado otra que despacharse contra el jefe liberal, reconociendo su papel en los procesos de privatización de los bienes públicos y en la imposición del modelo neoliberal, de manera que esta vez actuó como en el cuento del niño que se subió a una tapia para alcanzar un racimo de uvas, con tan mala suerte que se cayó sin alcanzarlo y acabó, maltrecho y compungido, consolándose con decir “las uvas están verdes”.

Dentro de las diversas propuestas petristas que entran en el campo goyenechista están, por ejemplo, la de suspender desde el día de la posesión, si llega a ganar, la exploración de petróleo en Colombia, para terminar en un lapso corto, suspendiendo la explotación y exportación del hidrocarburo; la de triplicar el número de turistas extranjeros por año para remplazar las rentas estatales que se perderían con la eliminación de las exportaciones petroleras; la de construir un tren elevado entre Buenaventura y Barranquilla; la de emitir dinero cuando lo crea necesario; dar empleo público a 3 y medio millones de personas (en lugar de fomentar la creación de riqueza y empleo por parte de los empresarios colombianos, muchos de ellos arruinados o debilitados por los Tratados de Libre Comercio, que son apoyados por Petro, o por la parálisis de la pandemia).

Pero además de las propuestas demagógicas, que son muchas, no debe dejarse de lado el hecho irrebatible del apoyo de Petro a la participación de Colombia en la OCDE y el papel de mandaderos de Biden en la OTAN, o las declaradas simpatías que el candidato del Pacto Histórico profesa por el actual presidente norteamericano, del que busca también su bendición para ser ungido presidente de los colombianos.

Así las cosas, con dos candidatos que el establecimiento y los grandes medios de comunicación y sus encuestas amañadas pretenden vendernos como los únicos con posibilidades de ganar, los colombianos debemos mirar con ojo crítico la realidad de esta campaña presidencial.

Estos dos candidatos están hoy al desnudo, como el emperador del cuento de Andersen que da título a esta nota. Fico es el candidato del régimen, de Uribe, de Duque, de César Gaviria, de Vargas Lleras, del Centro Democrático, de la U, de Cambio Radical, de los partidos liberal y conservador, del Mira, en resumen, del conjunto de partidos y personajes políticos que tienen a este país arruinado y ahogándose en un mar de corrupción.

Petro es el candidato que ha decidido aplicar la fórmula del ‘todo vale’ para lograr su aspiración personal de ser presidente y ha logrado canalizar una buena parte del descontento de los colombianos con el actual rumbo en el que lo mantiene la corrupta clase política, formulando propuestas demagógicas y prometiendo paraísos inalcanzables, mientras compite con Fico en una carrera por rodearse de los más corruptos y retardatarios dirigentes políticos.

Y como se trata de definir lo mejor para el país en esta coyuntura crítica, quien escribe esta nota está firmemente convencido de que si hay una alternativa diferente a la que nos tratan de imponer presentando sólo dos opciones.

Para mí el cambio real del rumbo errático de este país está representado en las propuestas de Sergio Fajardo, el candidato de la Coalición Centro Esperanza, quien aparte de mostrar experiencia gubernamental exitosa tras su paso por la alcaldía de Medellín y la gobernación de Antioquia, ha condensado en un extenso y detallado programa de gobierno lo mejor de todas las ideas para transformar a Colombia que expusieron en la consulta presidencial interpartidista los precandidatos de esta Coalición.

Para no hacer demasiado largo este escrito, he dividido mi Nota Ciudadana en dos partes; hasta aquí va la primera; la segunda y última la dedicaré exclusivamente a exponer los diez ejes principales de la propuesta programática de Sergio Fajardo.

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